Pablo Zelaya Sierra (1896-1933), originario de Ojojona, Francisco Morazán, dejó una huella significativa en el arte hondureño. Su obra, caracterizada por una exploración del simbolismo y el realismo social, marcó un punto de inflexión en la plástica nacional y sentó las bases para las generaciones de artistas que le siguieron.
Desde temprana edad, Zelaya Sierra mostró interés por el arte, lo que lo llevó a formarse inicialmente como maestro de escuela. Su trayectoria lo condujo a Costa Rica, donde estudió bajo la dirección del pintor andaluz Tomás Povedano de Arcos. Posteriormente, viajó a España con la intención de continuar su preparación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, pero dificultades económicas truncaron sus aspiraciones académicas. A pesar de estos obstáculos, su talento se consolidó con una obra que reflejaba la realidad social hondureña y la identidad nacional.
Sus cuadros, cargados de simbolismo y de un estilo propio, trascendieron fronteras y lo posicionaron como una de las figuras más influyentes del arte en Honduras.

Entre sus obras más reconocidas destacan El rapto de las sabinas, El mendigo, Paisaje de Ojojona y Cabeza de anciana, las cuales han sido exhibidas en distintos espacios culturales y museos nacionales. Parte de su legado se encuentra resguardado en la Galería Nacional de Arte de Honduras y en colecciones privadas.
Durante su estancia en España, Zelaya Sierra tuvo contacto con movimientos artísticos vanguardistas que influyeron en su técnica, aunque mantuvo una fuerte conexión con las temáticas nacionales.
Su pintura se distinguió por la representación de la vida cotidiana, el entorno rural y las condiciones sociales de su tiempo. Su uso del color y la composición reflejan influencias tanto del modernismo como de la pintura clásica española, lo que enriqueció su propuesta estética y lo diferenció dentro del panorama artístico centroamericano.
El legado de Zelaya Sierra sigue presente en la cultura del país. Su influencia continúa vigente y su trabajo inspira a artistas nacionales. En reconocimiento a su aporte al desarrollo cultural y artístico, en agosto de 2024 el Congreso Nacional de Honduras lo declaró Benemérito de la Patria, destacando su impacto en la plástica nacional y su contribución a la proyección del arte hondureño en el ámbito internacional.
Además del reconocimiento, su obra es un testimonio del esfuerzo por plasmar en el lienzo las realidades y expresiones de su tiempo. Su contenido simbólico y social mantiene su relevancia en el panorama artístico nacional y sigue siendo estudiado y admirado por nuevas generaciones.