El Programa Mundial de Alimentos (PMA), junto con la Secretaría de Salud de Honduras (SESAL), impulsan el Programa de Nutrición y Salud con el objetivo de enfrentar los problemas de malnutrición que afectan principalmente a menores de 5 años, mujeres embarazadas y madres lactantes en los departamentos de Copán y Ocotepeque.
Una investigación realizada por el PMA, con apoyo de la empresa ACERTA, basada en encuestas a 1,064 personas y entrevistas en profundidad con profesionales de salud, reveló la complejidad y magnitud de la crisis nutricional, vinculada directamente a problemas estructurales en salud, educación y acceso económico.
El estudio mostró que la mayoría de participantes (95%) fueron mujeres, principalmente madres o tutoras, y reveló que el 56% de los hogares tiene al menos una persona analfabeta, reflejando una brecha educativa importante. Además, solo el 47% de los encuestados alcanzó la educación primaria, limitando la comprensión sobre hábitos nutricionales saludables.
Pese a que el 80% afirmó consumir tres comidas diarias, la calidad nutricional de estos alimentos es deficiente, prevaleciendo el consumo diario de carbohidratos y productos de bajo valor nutricional como cereales y tubérculos (59%), huevos (57%) y productos lácteos (54%). Las frutas (46%) y carnes (38%) son consumidas esporádicamente, y el 24% indicó que nunca consume carne.
El acceso a alimentos nutritivos enfrenta barreras significativas. El 89% señaló el elevado costo de los alimentos como principal limitante, seguido de la falta de disponibilidad local (60%) y la distancia a puntos de venta (57%). Además, el 90% depende de pulperías para adquirir alimentos, limitando el acceso a productos más diversos y frescos.
La investigación también identificó deficiencias estructurales en el ámbito de la salud pública. Aunque un 82% de embarazadas afirmó recibir atención prenatal, solo un 20% asiste regularmente a centros de salud para orientación nutricional general. Además, el 62% de los padres y tutores no sigue las recomendaciones de salud recibidas, principalmente debido a limitaciones económicas y culturales.
En cuanto al uso de tecnologías para informarse sobre nutrición, un 61% indicó que no busca información activamente. El consumo informativo predominante ocurre mediante redes sociales (59%) y televisión (55%), aunque existe una percepción generalizada (45%) de que estas fuentes no son confiables. A esto se suma la baja participación comunitaria en actividades educativas, pues un 92% no ha asistido a talleres de nutrición en el último año.
Las entrevistas a personal de salud destacaron la gravedad de estos problemas estructurales: el 90% señaló la pobreza y desempleo como limitantes fundamentales del acceso a alimentos nutritivos. Además, un 80% indicó que el conocimiento nutricional de la población es bajo o muy bajo, agravado por mitos culturales, como la creencia de que ciertos alimentos podrían ser perjudiciales para el embarazo.
Para enfrentar esta situación, profesionales y voluntarios de salud recomendaron fortalecer la capacitación nutricional (60%), aumentar la cobertura en áreas rurales (45%), mejorar el monitoreo comunitario (30%) e incorporar campañas efectivas con materiales visuales adaptados a las comunidades (40%).
Estos resultados subrayan la urgencia de implementar una estrategia integral que atienda estas barreras estructurales en salud y educación nutricional, con el fin de transformar positivamente las prácticas alimentarias en las comunidades más vulnerables de Honduras.