En un país donde cada lempira cuenta y donde el costo de vida sigue presionando a los hogares, el reciente ajuste en la Tasa de Política Monetaria (TPM) realizado por el Banco Central de Honduras (BCH) ha comenzado a hacerse sentir más allá de las gráficas técnicas y los comunicados oficiales.
El BCH elevó la TPM de 3% a 5.75% en dos incrementos sucesivos durante el segundo semestre de 2024, una decisión tomada para “anclar las expectativas de inflación” y asegurar la estabilidad monetaria del país. Pero los efectos se filtraron en los créditos y las hipotecas, afectando el bolsillo de los consumidores y negocios que intentan sobrevivir en un entorno cada vez más desafiante.
Tasas más altas, menos oxígeno para la economía real
El impacto directo ya está en curso: los nuevos préstamos en lempiras se encarecieron. La tasa de interés activa anual pasó del 16.54% en diciembre de 2024 a 17.09% en febrero de 2025, el nivel más alto en los últimos tres años, según datos del propio BCH. Esta alza afecta tanto a consumidores como a pequeñas y medianas empresas, que ahora enfrentan mayores dificultades para financiar sus operaciones o acceder a crédito de consumo.
Aunque la lógica detrás del ajuste monetario es técnica (reducir la demanda para contener la inflación), la consecuencia práctica en el contexto hondureño es menos abstracta: créditos más costosos, inversión frenada y hogares con menos margen para maniobrar su economía cotidiana.
Liquidez bancaria: el reflejo ambivalente del sistema
Al cierre del año 2024, la banca privada reportó un aumento del 5.9% en su disponibilidad de recursos, alcanzando los 137,529 millones de lempiras. No obstante, esta aparente solidez presenta matices: mientras la liquidez en moneda extranjera aumentó significativamente, la liquidez en moneda nacional cayó en más de 4,984 millones de lempiras. Este desbalance sugiere un sistema que mantiene capacidad financiera, pero con señales de tensión en la moneda local.
La pregunta de fondo es si estos ajustes monetarios realmente están estabilizando la economía o si, por el contrario, están acelerando su desaceleración.
En un país donde más del 60% de la población vive en condiciones de pobreza y donde el empleo informal sigue siendo la norma, cada punto porcentual en la TPM puede convertirse en una barrera silenciosa al acceso al crédito y al dinamismo económico.
Los economistas del Banco Central insisten en que el objetivo es proteger el poder adquisitivo. Sin embargo, en un entorno donde los alimentos básicos, el transporte y los servicios públicos siguen subiendo, el encarecimiento del crédito no siempre se traduce en un alivio directo para la población. Más bien, el ajuste corre el riesgo de frenar aún más un consumo ya debilitado.
¿Y ahora qué?
Según declaraciones recientes del BCH, no se prevén más incrementos en la TPM durante el primer semestre del 2025, aunque no se descartan nuevos movimientos hacia el cierre del año, dependiendo del comportamiento inflacionario.
La gran incógnita es si Honduras podrá mantener ese delicado equilibrio entre estabilidad macroeconómica y vitalidad económica real frente a las decisiones del BCH.