El año 2024 ha dejado una marca dolorosa en la historia de la migración global. Al menos 8,938 personas migrantes han perdido la vida en su intento por alcanzar un destino más seguro.
Esta cifra, registrada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), convierte al año 2024 en el más letal jamás documentado para quienes emprenden rutas migratorias.
Lejos de ser un hecho aislado, esta cifra representa una tendencia sostenida en los últimos cinco años. Ya en 2023, el mundo había presenciado un récord histórico con 8,747 muertes de personas migrantes. Pero las cifras de 2024 superan ese umbral, evidenciando una crisis humanitaria en ascenso.
Las regiones más afectadas por esta tragedia son Asia (2,778 muertes), África (2,242) y el Mediterráneo (2,452), donde la falta de sistemas efectivos de búsqueda y rescate sigue cobrándose vidas. En las Américas, al menos 1,233 personas migrantes han fallecido, siendo el Caribe una de las zonas con cifras sin precedentes.
La violencia es una de las causas más devastadoras. Desde 2022, una de cada diez muertes se ha atribuido a actos violentos, siendo Asia la región con más víctimas bajo esta causa. A ello se suman las condiciones extremas de las rutas migratorias: accidentes, enfermedades y fenómenos climáticos continúan siendo parte del trayecto de quienes migran sin alternativas seguras.
A esta tragedia se suma la falta de rescates oportunos. La OIM ha reiterado que la ausencia de sistemas de ayuda adecuados perpetúa la pérdida de vidas, y ha llamado a los Estados a establecer rutas legales y seguras, junto a mecanismos humanitarios que reduzcan los riesgos para las personas migrantes.
Pero el drama no termina con la muerte. Muchas de las personas fallecidas siguen sin ser identificadas, dejando a sus familias sumidas en la incertidumbre y el dolor. Sin datos fiables ni sistemas de registro sólidos, no solo se limitan las posibilidades de respuesta, sino que se perpetúa la invisibilidad de las víctimas.
Para la OIM, esta crisis no se resuelve con cifras ni con muros, sino con políticas que coloquen la vida y la dignidad humana en el centro. El llamado es a garantizar alternativas seguras para migrar, fortalecer los sistemas de protección y actuar de manera coordinada frente a una tragedia que no debería repetirse.