El reciente informe del Índice Global de Oportunidades (IGO) 2025, elaborado por el Milken Institute, presenta un panorama que combina cifras alentadoras para América Latina con una realidad menos prometedora para ciertos países del istmo.
Mientras la región aparece como uno de los destinos más atractivos para la inversión extranjera directa en economías emergentes, captando casi el 49% de los flujos en 2023 y superando incluso a Asia, Honduras apenas logra escalar algunos peldaños sin abandonar el fondo de la clasificación regional.
Según el reporte, la región latinoamericana ha ganado terreno gracias al anuncio de nuevos megaproyectos en sectores como energías renovables, minerales y autopartes. El valor de los proyectos anunciados creció un 16% en 2023, y países como Chile, Uruguay y Costa Rica se posicionan como los más atractivos para el capital internacional.
Centroamérica también muestra movimientos en el ranking, aunque desiguales. El Salvador, por ejemplo, ha subido 14 posiciones desde 2020; Guatemala, nueve; y Honduras, doce. Sin embargo, este último continúa ocupando el último lugar entre los países centroamericanos y se ubica en el puesto 97 de un total de 116 países evaluados a nivel global.
Aunque desde el discurso oficial se intenta resaltar este modesto ascenso como señal de mejora, los números dejan en evidencia que el país aún está lejos de ofrecer un entorno competitivo, transparente y predecible para atraer inversión extranjera de forma sostenida.
Mientras algunos países avanzan con reformas estructurales, atracción tecnológica e incentivos a la investigación, Honduras permanece rezagado frente a desafíos institucionales que no se resuelven con datos aislados.
El informe destaca que la región latinoamericana obtuvo buenos resultados en tres de las cinco dimensiones evaluadas, especialmente en el entorno de crecimiento futuro. No obstante, también advierte que mantener la competitividad internacional requiere fortalecer instituciones, simplificar regulaciones y apostar por la investigación, tareas aún pendientes en muchos países, especialmente los más rezagados del istmo.
Pese al optimismo que puedan generar las estadísticas generales, los retos estructurales permanecen intactos. Subir algunos peldaños en un índice no es sinónimo de transformación, mucho menos cuando la distancia respecto a los primeros lugares sigue siendo abismal, un análisis a considerar para Honduras.