Cincuenta años después de la última misión tripulada a la Luna, la exploración del satélite natural ha retomado impulso. La NASA, junto a agencias espaciales y compañías privadas, continúa enviando misiones para estudiar in situ la superficie lunar, abriendo nuevas posibilidades para la ciencia y la tecnología espacial.
Una de las más recientes es la misión Blue Ghost, desarrollada por la empresa texana Firefly Aerospace. Durante 14 días de operación en la región Mare Crisium, la sonda logró captar una serie de imágenes del atardecer lunar, un registro visual inédito en décadas que podría ayudar a resolver un antiguo enigma científico.
Mira las imágenes del atardecer lunar aquí:
El fenómeno conocido como “resplandor del horizonte lunar” (lunar horizon glow) fue observado por primera vez por la sonda Surveyor 7 en 1968 y más tarde por los astronautas del Apollo 17. Este resplandor parece estar relacionado con pequeñas partículas de polvo en suspensión sobre la superficie lunar.
Una de las principales hipótesis sugiere que estas partículas se cargan eléctricamente por la radiación solar, lo que provocaría que se repelan entre sí y leviten, generando un halo luminoso visible al atardecer. Las imágenes de Blue Ghost muestran precisamente ese resplandor verdoso, y podrían aportar información clave para comprender mejor este fenómeno.
La misión también logró captar otro evento extraordinario: el eclipse lunar del 14 de marzo. Desde la perspectiva de la Luna, se trató de un eclipse solar, ya que la Tierra se interpuso entre el satélite y la luz del Sol.
Así se vio el eclipse desde la superficie lunar:
Durante su actividad, Blue Ghost transmitió 119 GB de datos a la Tierra, de los cuales 51 GB corresponden a datos tecnológicos y científicos. Además, transportó 10 cargas útiles con experimentos de la NASA.
La misión forma parte del programa CLPS (Commercial Lunar Payload Services), una iniciativa que busca fomentar la cooperación entre la NASA y el sector privado en la exploración lunar, como parte de la campaña Artemis.
Los resultados obtenidos no solo amplían el conocimiento sobre el entorno lunar, sino que también abren nuevas oportunidades para futuras misiones y experimentos en la superficie del satélite.